Ana Jiménez Pita

¿Qué hace a las princesas del poder relevantes?

She-ra: finaliza con una quinta temporada más que satisfactoria

Hace ya un mes se estrenaba la quinta y última temporada de la serie de animación creada por Noelle Stevenson She-Ra, las princesas del poder, que suponía una actualización del clásico televisivo con el mismo nombre como una forma de dirigirse al público infantil femenino en contraposición a He-man, para los niños. Pero en todo caso en She-ra no está construyendo un público femenino, se busca un público diverso. Desde que fue estrenada no a hecho más que cosechar buenas críticas a favor de la representación de identidad racial, sexual y de género. Como otras series de animación, por ejemplo, Steven Universe, nos ha permitido poner en pantalla una fantasía que no cuestiona la realidad sino que crea un nuevo mundo, sin prejuicios como los que afrontamos en nuestra realidad, eso no quiere decir que no cuestione temas sensibles como la inclusión o la represión. La serie está repleta de personajes “que no encajan” pero a través de la sensibilidad y la empatía estos temas son discutidos y abordados de forma satisfactoria tanto para públicos infantiles como adultos. Los discursos que plantea no se queda a medias, en el típico qué cada uno piense lo que quiera, no, solo existe una psible solución: el respeto que pasa por hacer conscinete a los espectadores de dónde están, y en qué sociedad han sido criados.

La serie se desarrolla en el mundo fantástico de Etheria, un mundo donde cohabitan toda clase de seres, y está gobernado por princesas pero que está siendo invadido por la Horde, encabezada por Hordak. A la Horde pertenece Adora que en una misión acaba descubriendo que su identidad va más allá de ser una luchadora del grupo militar que está creando Hordak para destruir Etheria. Adora convertida en She-ra aprenderá a usar sus poderes mágicos para derrotar a la Horde, y sobre todo salvar su planeta y a sus amigos. Para ello se tendrá que ganar la confianza de la princesa Glimmer y Boo su arquero, así como el resto de las princesas, las cuales tienen cada una su poder: agua, planta, hielo, etc. Pero su motivación pronto dejará de ser la de vencer, lo importnte es la misión de crear lazos duraderos y de amistad, los cuales serán puestos en peligro a cada temporada por las dudas y la desconfianzas que acarrea la laucha armada. Sin duda cuenta con una trama atractiva y entretenida que a cada temporada encuentra giros de acción y narrativos que dejan al espectador al borde de las lágrimas, porque She-Ra habla de emociones, de amistad y también del desarrollo de la identidad individual y colectiva. Responde a ¿quiénes somos? ¿qué queremos? Y ¿hasta qué punto estamos dispuestos a sacrificarnos por lo que queremos? La serie enseña a confiar, a amar y a equivocarse a sus personajes, y por ende a sus espectadores. Nos encontramos con una narrativa que no castiga continuamente a los personajes para crear emoción, al contraio, a través de situaciones traumáticas y duras, lloran y aprenden; maduran. Probablemente sea una de las series más humanas que nos podamos encontrar.

Pese a ello, y su importancia narrativa la serie peca de repetitiva en cuanto a ciclos narrativos y tramas, esto quiere decir que la construcción de los personajes en ciertas partes de la serie no avanza, e incluso se posiciona en el punto de partida, provocando que sus motivaciones no evolucionen, limitando en gran media los acontecimientos que tienen lugar. Además, también suele recurrir a un desenlace “fácil”, pese que estos desenlaces estén provocados por dilemas internos personales fundamentales, la resolución de la acción, del peligro e incluso del dolor entraría en la categoría de ex machina. She-Ra es uno de los seres más poderosos de la serie, por no decir el el más poderoso, lo que provoca que aunque se dude de ella, y de su capacidad de aprendizaje y desarrollo de poder, el poder está presente y es la entidad que salva continuamente a los personajes de sus problemas, resultando en desenlaces, como he mencionado, evidentes.

La She-ra original

Pero hay algo más en la serie que la hace relevante, se podría decirque es su animación, pero realmente es la capacidad de los creadores de la serie de dar lugar a personajes relatables y crear una serie que abandona la hipersexualización de los personajes femeninos y que permite que estos desarrollen relaciones orgánicas y naturales. No creo que nadie pueda decir que She-Ra no es una serie con pretensiones y mensajes feministas.

En ella se dan cabida personajes no binarios, relaciones lésbicas, homosexuales, familias no nucleares, personajes racialmente diversos y no normativos. No solo es protagonizada por una protagonista inteligente y fuerte, que es capaz de sacrificarse por lo que quiere, este sigue siendo el canon heoríco; pero también se rechaza en gran media esa idea y se permite que los protagonistas se equivoquen, exploren sus identidades y sus motivaciones. Ese es el objetivo, intentar, pese a que su protagonista, Adora, es una mujer blanca, crear un universo donde lo que todavía hoy está puesto en cuestión, se juzga, pase a formar parte de la identidad tanto individual y colectiva, sea normativo.

Algunas de las princesas del poder

Eso es lo que hace especial al género fantástico la capacidad de crear el mundo deseado por los creadores, bajo las normas que se quieran. Si estamos cansados de un mundo canónico ¿por qué no cambiar el canon o incluso destruirlo? Eso no quiere decir que la serie se olvide de la sociedad en la que va a ser exhibida, hay que criticar ante todo y si se hace desde la infancia mucho mejor. Por supuesto, se construyen relaciones de todos los tipos, de amistad y románticas, pero no se cuestionan las relaciones, ni su naturaleza, al espectador le emociona ver la tensión y confianza que se puede constituir entre ellos, y como cada uno de los personajes se desarrolla de forma individual para poder relacionarse con los demás e incluso su propio contexto. Si She-Ra es relevante por algo, es porque a través de un mundo que acepta, comprende, se da lugar a un mundo en lo que todo es natural, excepto querer hacer daño a los demás.

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